En estos días en que la utopías se suicidan y el consumismo optó por el autoconsumo (por lo menos hasta que pase la crisis económica), una de las pocas ilusiones que aún me quedan es poder demostrarle al mundo que el Viejito Pascuero sí existe (al igual que el Conejito de Pascua, el Ratoncito de los Dientes y el Espíriru Santo). Imagino que al igual que a muchos, en algún momento de la infancia (que definitivamente me obligué a olvidar) un “amigo” me contó como “la gran novedad” que según él y no sé cuántos más el Viejito Pascuero era un mito y no existía, que los regalos los compraba la gente y todas esas mentiras… ¡¡¡Ja Ja Ja!!! Pequeño iluso…
No recuerdo tu nombre “amigo” mío, pero hoy por fin ha llegado la hora de mi revancha y tengo la prueba definitiva de tu error. ¿Y cómo lo sé? Fácil, pues si Papá Noel no existiera no podría contarles esta historia, que está dedicada a todos los chilensis que se la juegan por el Software Libre y creen en su derecho a elegir. Si se portan bien, de seguro Sán Nicolás se acordará de ustedes y muchos recibirán en sus casas y sin necesidad de tener chimenea un papelito como el de la imagen: el tan esperado reembolso de tu proveedor de hardware por la licencia del Windows (u otro software preinstalado) que no pediste, que no quieres, que no te sirve, que no vas a usar y por el que simplemente no tienes porqué pagar. Quizás no sea mucha plata, pero creo que es algo que va más allá de lo monetario, es…. el hecho.
Round 0 (La idea): La idea claramente no es nueva. Experienciashay y por lo mismo aprendí de ellas. Quizás los diálogos, citas o eventos les parezcan familiares y en efecto los son, la diferencia es que esta historia afortunadamente tuvo un final feliz (aunque prefiero pensar que más bien es el comienzo).
Con el conocimiento de los casos anteriores (exitosos o no) y después de juntar las monedas me compré un laptop en Dell con la idea de pelearla hasta conseguir el objetivo o morirme usando Windows. En cierto sentido y para hacerle caso a Francotirador saqué al mártir que llevo dentro y por tanto sólo restaba tirarse a la priscila piscina…
La Libertad guiando al Pueblo entre las manos y el recuerdo de Enjoy the silence. Para cantarla ahora que aún hay tiempo y no cuando el viejo Rey se esté muriendo…
I used to rule the world
Seas would rise when I gave the word
Now in the morning I sweep alone
Sweep the streets I used to own
I used to roll the dice
Feel the fear in my enemy’s eyes
Listen as the crowd would sing:
“Now the old king is dead! Long live the king!”
One minute I held the key
Next the walls were closed on me
And I discovered that my castles stand
Upon pillars of salt, pillars of sand
I hear Jerusalem bells are ringing
Roman Cavalry choirs are singing
Be my mirror my sword and shield
My missionaries in a foreign field
For some reason I can’t explain
Once you know there was never, never an honest word
That was when I ruled the world
(Ohhh)
It was the wicked and wild wind
Blew down the doors to let me in.
Shattered windows and the sound of drums
People couldn’t believe what I’d become
Revolutionaries Wait
For my head on a silver plate
Just a puppet on a lonely string
Oh who would ever want to be king?
I hear Jerusalem bells are ringing
Roman Cavalry choirs are singing
Be my mirror my sword and shield
My missionaries in a foreign field
For some reason I can not explain
I know Saint Peter will call my name
Never an honest word
But that was when I ruled the world
(Ohhhhh Ohhh Ohhh)
Hear Jerusalem bells are ringings
Roman Cavalry choirs are singing
Be my mirror my sword and shield
My missionaries in a foreign field
For some reason I can not explain
I know Saint Peter will call my name
Never an honest word
But that was when I ruled the world
(Oooooh Oooooh Oooooh)
Hace 20 años yo tenía 9, no tenía mucha idea del mundo y pasé el día de aquel histórico plebiscito en casa de unos tíos en la población José María Caro, en Santiago.
A pesar de mi ignorancia infantil (cosa que para ser franco no ha cambiado mucho) cuando pienso en la alegría pienso en ese día (o en la noche del día siguiente para ser preciso), no porque entendiera con exactitud lo que implicaba el triunfo del NO, tampoco porque me haya divertido como loco y reído como nunca, sino más bien porque creo que desde aquella noche no he vuelto a ver a tanta gente alegre al mismo tiempo, pero fundamentalmente, de forma tan… pura.
Evidentemente todo depende de la definición que le demos al concepto, pero en lo que respecta a mi definición de alegría pienso que todo se reduce a la paz, a la tranquilidad. Recuerdo a la gente celebrando en las calles de la población, a los jóvenes subiéndose a los techos de las micros con banderas de Chile, los petardos sonando de fondo y los gritos y cantos que se acordaban de la mamá de Pinochet. Euforia había, obvio, regocijo, risas y todos los demás gestos comunes de un estado de ánimo “alegre” también. Pero la alegría a la que me refiero, la Alegría, es la que vi en las personas un tanto mayores y estaba marcada por la paz. Esa imagen, que retengo mentalmente hasta hoy, es la de mi tía abrazando a sus “comadres” con una sonrisa en la cara y en silencio, tranquila (”sin odio y sin miedo”). El recuerdo del resto de las señoras de la cuadra llorando mientras abrazaban a sus esposos, hijos y vecinos, pero sonrientes, en silencio, en paz…