Voy a decir que No (y que Sí también)
Domingo, 5 de Octubre de 2008 por José Ignacio
Hace 20 años yo tenía 9, no tenía mucha idea del mundo y pasé el día de aquel histórico plebiscito en casa de unos tíos en la población José María Caro, en Santiago.
A pesar de mi ignorancia infantil (cosa que para ser franco no ha cambiado mucho) cuando pienso en la alegría pienso en ese día (o en la noche del día siguiente para ser preciso), no porque entendiera con exactitud lo que implicaba el triunfo del NO, tampoco porque me haya divertido como loco y reído como nunca, sino más bien porque creo que desde aquella noche no he vuelto a ver a tanta gente alegre al mismo tiempo, pero fundamentalmente, de forma tan… pura.
Evidentemente todo depende de la definición que le demos al concepto, pero en lo que respecta a mi definición de alegría pienso que todo se reduce a la paz, a la tranquilidad. Recuerdo a la gente celebrando en las calles de la población, a los jóvenes subiéndose a los techos de las micros con banderas de Chile, los petardos sonando de fondo y los gritos y cantos que se acordaban de la mamá de Pinochet. Euforia había, obvio, regocijo, risas y todos los demás gestos comunes de un estado de ánimo “alegre” también. Pero la alegría a la que me refiero, la Alegría, es la que vi en las personas un tanto mayores y estaba marcada por la paz. Esa imagen, que retengo mentalmente hasta hoy, es la de mi tía abrazando a sus “comadres” con una sonrisa en la cara y en silencio, tranquila (”sin odio y sin miedo”). El recuerdo del resto de las señoras de la cuadra llorando mientras abrazaban a sus esposos, hijos y vecinos, pero sonrientes, en silencio, en paz…
Aunque ya pasaron 20 años y algunas personas puedan entonar frases como “la alegría nunca llegó” (sobretodo en tiempo electoral) pienso que esa jornada es tremendamente actual, tanto en lo social como en lo personal. En el mundo exterior todavía hay muchas cosas por las que vale la pena decir NO y preguntarse con razón “¿hasta cuándo ya de abusos?”. Al pobre tipo de bigotes le siguen cerrando la puerta en la cara y la micro lo sigue dejando botado (cuando pasa), y ese tipo puedo ser yo, mi vecino, una amiga, cualquier persona.
Hay un millar de cosas del mundo exterior por las que sigue siendo necesario decir que NO y ya es tiempo de hacer algo para cambiarlas, así como hay un millón de cosas de mi mundo interior a las que también debo decirles NO y darles una diplomática PLR. Asimismo, también hay muchas cosas por las que decir que Sí, tanto dentro como afuera. Porque en el mundo exterior efectivamente ahora SÍ tenemos la opción de decir que “yo soy libre de pensar”, porque ahora SÍ podemos pelear para “ganar la libertad”, y porque en mi mundo interior SÍ “es tiempo de cambiar” y porque efectivamente, “nace el arcoiris después de la tempestad”…
Cuando pienso en la Alegría con frecuencia rememoro el 5 de octubre de 1988, aunque ahora no lo hago como algo social sino como algo personal, como el anhelo de sentir esa tranquilidad y esa paz que vi en las señoras de la población de forma constante o a lo menos de forma frecuente. Si la Alegría no ha llegado del todo pues no me queda otra que ir a buscarla. Después de todo, 20 años no es nada, y si dicha Alegría todavía viene en viaje hacia “acá” y yo voy hacia “allá” puede que nos encontremos en el medio del camino y el tiempo de espera sea la mitad.
Como dice el blog, El mundo no me gusta y lo quiero cambiar, pero he tenido que “aprender a aceptar” que no puedo no me corresponde cambiar los mundos internos de los demás sino sólo intentar cambiar el mío, y sólo después de eso pensar en cambiar el mundo exterior. Es por eso que el mundo soy yo.
No sé que resultará, pero al menos quererlo es el primer paso para hacerlo, y quizás lo importante es que ahora más que antes me he sentado de verdad a pensar en el futuro y la conclusión es sólo una: Para acercarme a la Alegría voy a decir que NO, Oh! Oh! (y que Sí también)…
Hola compañero!!!! Pues que eso de que la alegría nunca llegó es algo sacado fuera de contexto. La alegría como tu bien dices es un estado de paz y tranquilidad, y de gozo, por cierto. Y es que marcó el comienzo del cambio. Lo que ha sido después para bien o para mal, está marcado por la cotidianeidad de las personas. Pero las personas con altura de miras no pueden negar que aquel 5 de octubre marcó la salida del oscurantismo, ya que ahora las cosas (de la naturaleza que sean) se pueden mirar a la luz, y poder decir algo al respecto. Yo no soy de un partido, si de izquierda, por que mi origen es el pueblo, y te puedo decir que ese día la alegría me inundó e incluso inundó a algunos sirvientes del dictador.